Hoy se conoció que la sanción que recibirá Martin Taylor, luego de la lesión que le produjera el último fin de semana a Eduardo Da Silva en el partido entre Birmingham - Arsenal, será tan sólo de tres fechas. De un modo más salvaje que torpe, el defensor de Birmingham fracturó tibia y peroné del atacante, y lo dejará fuera de las canchas por nueve meses.
Desconozco las cualidades técnicas y humanas de Taylor. No lo he visto nunca jugar como para atreverme a prejuzgar su intención en aquella jugada. Y aunque admiro mucho a los futbolistas que juegan en la Premier League sobre el resto de las ligas del mundo porque, entre otras cosas, asumen el juego como un deporte de contacto con todas sus consecuencias, esta acción desafortunada me causó un poco de impresión.
Entienden a la perfección que los golpes que uno recibe tienen los mismos motivos que los golpes que uno (con intención o no) dá. A partir de esta premisa básica, no es común observar en sus partidos simulaciones en busca de una sanción al otro o un fallo a favor, o gestos de reclamos exagerados y advertencias de potenciales “revanchas”. Por lo general, demuestran su valentía aceptando las disculpas estrechando sus manos.
Me parece cierto que la sanción a Taylor es bastante corta, pero tampoco es para querer ponerlo preso, o que no juegue nunca más, como pidió Arsene Wenger (DT de Arsenal). ¿Cuál es la diferencia entre la jugada que acabó con la lesión de Edu y aquella famosa patada donde Ruggeri buscó lastimar a Chilavert y ni siquiera lo amonestaron sólo porque el arquero logró esquivar la agresión?
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