Fútbol para guapos

Es muy probable que el Torneo Apertura 2006 vaya a quedar marcado en el largo historial del Fútbol Argentino. Resulta que en tan sólo 19 fechas se han destacado sucesos demasiado trascendentales como para olvidarlos fácilmente. Los numerosos hechos de violencias en las tribunas, el apriete de los barra brava de Gimnasia, el mensaje mafioso de los Borrachos del Tablón, la inoperancia de los dirigentes con Grondona a la cabeza… Pero también estuvo el lado bueno del fútbol. El partido desempate entre los equipos que obtuvieron la mayor cantidad de puntos, como si fuese una final del viejo campeonato llamado Torneo Nacional.
Hubo también una clara distancia entre los actores (los protagonistas) que animan el fútbol. Los buenos y los malos. Los héroes y los villanos. Los que están en el medio apasionados por el juego y los que están apasionados por el dinero. Los que viven el fútbol como espectáculo, y los que viven el espectáculo como un negocio.
De un lado, Simeone, La Volpe, Russo, Alfaro, Leeb. Del otro, Ruggeri, Muñoz, Grondona, Macri, Passarella. Hubo ganadores y perdedores de los dos lados, aunque es discutible. Pero lo que es indiscutible es de qué lado se encuentran los unos y los otros.
Se me ocurre que los grandes ganadores y perdedores de este Torneo Apertura son el Cholo Simeone y el Cabezón Ruggeri, respectivamente. Ambos fueron jugadores símbolos de la Selección de los años 90. Jugadores que han sabido cosechar muchos e importantes logros futbolísticos. Seguramente gracias a ese espíritu luchador y combativo que los distinguía. Eso que algunos le llaman guapeza.
Sin embargo, la guapeza que exponen Simeone y Ruggeri no es la misma. Tienen conceptos de “guapos” muy diferentes. El Cholo es guapo porque asumió con grandeza hacerse cargo del plantel de Racing cuando el equipo se quedó sin DT, y con la misma grandeza se fue sin reproches del club de sus amores. Un guapo que se animó al desafío de Estudiantes y obtuvo su premio en el reconocimiento de media ciudad de La Plata. Y vale aclarar que el reconocimiento lo consiguió a fuerza de trabajo y voluntad, aún antes del título conseguido.
El Cabezón Ruggeri, en cambio, es un guapo que agarra el micrófono cuando los resultados le son favorables, o que enfrenta verbalmente (y no precisamente en un lenguaje ameno) a los periodistas cuando la mano viene cambiada. Un guapo que se resiste a renunciar porque eso significa perder dinero y “su negocio”, pero que cuando necesita ser promocionado para la Selección, (un cargo para el que sólo él se cree idóneo) poco le importa el respeto a sus colegas.
Por suerte esta vez el fútbol hizo justicia con los guapos.

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