Los de afuera son de palo (incluso afuera)…

Hay dos cosas que me joden muchísimo cuando miro un partido de futbol. Una de estas cosas me jode siempre. La otra, cuando lo miro por TV y tengo que escuchar los relatos y comentarios de “los especialistas“.
Lo que me jode siempre, son las mariconeadas de los arqueros. Salvo cuando el equipo para el cual juegan se encuentre buscando el resultado con demasiada prisa, para todos los arqueros el menor roce, contacto o presunción de éstos con un rival o incluso un propio compañero, resulta una oportunidad imposible de desaprovechar para hacerse pasar por maricón.
No importa a qué equipo defienda el jugador de los guantes. Cada vez que veo una situación de esta naturaleza mis rabietas afloran. Sé muy bien que el existismo manda y todo lo demás no importa. Y como tal, ganar siempre es bueno. A cualquier precio.
Pero hacerse el maricón y quedar en evidencia tan claramente gracias a la cantidad de camaras de televisión que los persiguen, me parece una muestra de indignidad insoportable. Claro que también muchos jugadores, llamados “de campo”, siempre que pueden aprovechan para mostrar su lado indigno y femenino. Pero el exceso de este recurso por parte de los guardametas, sitúa a éstos en el peldaño superior de la escalera por la que bajan las vedettes y suben los futbolistas para convertirse en maricones.
La otra cosa que me jode cuando miro un partido por TV, es la manera en la que los comentaristas y relatores abusan de su sobervia y pedantería. No es nada nuevo lo que digo… ya lo sé. E incluso tampoco hace falta que tenga que hacerlo con nombres propios. Pero igual lo hago.
Si. Niembro, Fabbri, Closs, Walter Nelson, el Bambino Pons… sobre los cuales no hay mucho que decir. Sin embargo, tengo otro más que quiero agregar a la lista: su nombre es Fabián Godoy. Un gordito gilún con con cara de idem, que es comentarista en TyC para el torneo de Ascenso y periodista de campo para el torneo de Primera. No solo me jode que se crea que se las sabe todas y que menosprecie cada acción de algún jugador (también de árbitros o asistentes) que todos sabemos que es error o equivocación (aún cuando sean tontos). Sino que además también es muy pedante (y gilún) en las calificaciones, adjetivos y/o sentencias que utiliza -o malutiliza- (como “obviamente”), o frases harto plagiadas que en ocasiones repite en breves lapsos (como por ejemplo, “un toque preciso y precioso” o “error garrafal”).
El gordito Fabián, seguramente ha sido de chico un fanático del fútbol. Un memorioso que podía participar en cuanta reunión futbolera se le cruzara por delante. Se nota que le gusta meter las clásicas palabras del lenguaje radial, pero siempre lo hace mal y con una falta total de sentido. Lo que pasa que es mucho menos que mediocre que lo que son los otros arriba mencionados y por eso se destaca menos. Pero qué bronca me dá escucharlo!

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