Localidades agotadas?


No es que me esté volviendo nostálgico, al menos en este caso. Pero cuánto extraño aquellas gloriosas jornadas en las que el relator radial decia “ya no cabe un alfiler!” Qué lindo era ver las tribunas realmente repletas de hinchas que saltaban todos pegados como hermanos siameses. Cuando la multitud era una marea humana que se movía en forma homogenea. Cuando cada peligro de gol era una avalancha que tenía su tope en el alambrado o en el playón que quedaba entre la tribuna y el cerco perimetral.
De a poco las formas fueron cambiando. A la crisis estructural que es la violencia en el fútbol desde hace ya muchos años, han ido apareciendo nuevas reglas -formales e informales- que contribuyeron (o perjudicaron) a que la concurrencia del público haya ido en descenso, y cada vez más pronunciado declive.
Actualmente, entre 6 y 7 de los 10 partidos que conforman una fecha del torneo de Primera División pueden ser vistos por televisión. Salvo uno de ellos, para el que es necesario comprar el abono adicional, el resto es televisado por canal de cable, e incluso uno por televisión abierta. A su vez, los mismos se programan para que no sean jugados en simultáneo, durante los días viernes, sábado y domingo.
Años atrás, resultaba imposible poder ver un partido de torneo local en directo por TV. Y mucho menos pensar en otro día que no fuera el domingo. Es decir, el domingo era el día en que jugaban los 20 equipos de la A, y el sábado todos los equipos de ascenso. Era la época en que en la cancha siempre había un compañero de tribuna cerca a quien le preguntabas cómo iba el partido de tal o cuál equipo y quién hizo los goles. Se vivía el partido que tenías frente a tus ojos, pero también se palpitaba y se sufría por lo que pasaba en los demás estadios. Otra posibilidad era escuchar los resultados de la fecha completa por los altoparlantes -la voz del estadio- durante el entretiempo y también al finalizar el partido.
Otra de las causas que hizo cambiar el hábito de llenar las canchas, es la reglamentación de la FIFA que obliga a los clubes tener a los asistentes sentados. O al menos a vender una entrada por cada ubicación disponible. Así es como los clubes argentinos a partir de esta disposición debieron ceder un volumen cercano al 25 o 30 % de su capacidad real.
Casi de manera simultánea, y me atrevo a decir que por iniciativa del presidente de Boca Juniors, muchos equipos que ante cada presentación hacían las veces de locales, empezaron a otorgar una cantidad significativamente menor para la parcialidad visitante. De esta manera, fueron los simpatizantes de los equipos cuyas hinchadas son las más numerosas los que se vieron perjudicados. En consencuencia, ya no es nada extraño ver que tan sólo unas 5.000 personas de San Lorenzo, Racing o River -por citar algunos- ocupan la tercera bandeja visitante de la Bombonera, cuando en los buenos años, aquellos solían copar tanto la tercera como también la segunda bandeja.
Como si todo aquello fuera poco, cada vez son más las entradas que se “venden” a través de hoteles 5 estrellas y agencias de turismo para los agraciados turistas extranjeros que visitan la Argentina. Claro que estos ingresos no son generados por la ventanilla popular y oficial.
Viveza criolla, que le dicen.

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