Paridad vernácula

El fútbol argentino se ha vuelto en el ultimo año uno de los más competitivo del mundo. Atrás quedaron las épocas en que River y Boca dominaban y doblegaban a sus rivales sin piedad. De esta manera no resultaba novedoso que en cada inicio de temporada las apuestas por el próximo campeón fueran dirigidas al club de Núñez o de La Boca.
Tal era la superioridad que los mismos protagonistas al referirse a los restantes participantes del torneo se acostumbraron a denominarlos “equipos chicos”. Y si bien es cierto que el rival también juega, para un “equipo grande” el único resultado festejable es el que equivale a los 3 puntos.
En la actualidad, la división entre equipos grandes y equipos chicos parece haber desaparecido. Los últimos 2 campeones argentinos no han sido ni el equipo de la Banda ni el de la Ribera, y el presente torneo tampoco es encabezado por ninguno de ellos.
Ayer en el mismísimo Monumental, River Plate (ex equipo grande?) recibió al entonces penúltimo ubicado en la tabla de posiciones, y su DT (cada vez más familiarizado con los gestos tribuneros) parece haber alterado sus usos y costumbres, y festejó el empate sobre la hora como una victoria.

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