El fantasma del descenso

Desde el año 1983, ya en tiempos de la gestión infame en la Asociación del Fútbol Argentino, el reglamento del fútbol profesional contempla el sistema de promedios del descenso. La caída a la segunda categoría de San Lorenzo de Almagro en 1981, equipo que conforma el quinteto grande del fútbol nacional, fue motivo suficiente para la creación de la norma.

La regla determina que aquellos 2 clubes que hayan reunido, en promedio, la menor cantidad de puntos tomando en consideración como máximo las últimas 3 temporadas completas (es decir, entre aperturas y clausuras, 114 partidos), descenderán al Nacional B en forma directa.

Desde entonces son los clubes más débiles en términos económicos quiénes por lo general deben enfrentarse al descenso año tras año. Para el caso de los equipos más fuertes, que con habitualidad pelean por los primeros puestos, una mala campaña que lo coloque incluso en la última ubicación, no debería comprometerlo con la pérdida de categoría.

Al inicio del presente torneo, por ejemplo, Boca Juniors se encontraba en una situación tal de privilegio que hubiera podido darse el lujo de no sumar puntos en todo el campeonato, y aún así no correría riesgos de descender, ni tampoco de jugar los partidos por la promoción.El modelo, también utilizado por Colombia y Bolivia en Sudamérica y que intenta ser disfrazado de justo y equitativo, tiene como verdadero argumento defender los intereses del negocio que el fútbol significa.

Ofrece a los equipos grandes la posibilidad de redimirse de alguna mala campaña y obliga a los equipos chicos a la búsqueda de puntos “como fuera”. De tal manera, es lógico que una de las consecuencias deportivas sea la mediocridad del espectáculo en pos de un resultado satisfactorio. Algo así como “el fin justifica los medios”.

En el plano de las analogías las situaciones serían más o menos así. Para un equipo recién ascendido, mantener la categoría es similar a lo que le sucede a quien solicita un préstamo en el banco, comprometiéndose a cancelar sus obligaciones con sangre, sudor y lágrimas incluso sabiendo de antemano que se trata de cuotas con cargos de intereses usureros.

Para el caso de los equipos más fuertes, que es donde se pretende hacer justicia, podría interpretarse como buscar rescatar de una mala gestión bajo el argumento de sus buenos (o al menos no tan malos) antecedentes. Sin la intención de irme a un extremo, acaso uno que durante toda su vida respeta las señales del semáforo, y un día por el motivo que fuera cruza en rojo, no debe pagar como corresponde la infracción cometida?

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