Exiliados

Decir que el fútbol argentino es un mercado de exportación no es nada nuevo. Hace algunas décadas atrás los jugadores argentinos comenzaron a emigrar en forma numerosa hacia destinos más fuertes en términos económicos y cosmopólitas en concurrencia de figuras. Así, los destinos habituales han sabido ser Italia y España, en Europa, y México, de este lado del océano.

Más cerca en el tiempo, nuevas y no tan tradicionales ligas hicieron la apertura comercial para contar con nuevas figuras internacionales de todo el mundo. En este campo, el proceso se originó en Japón, y luego en Rusia, China o Qatar. Debido al ofrecimiento de grandes sumas de dinero, la oportunidad económica más el interesado consejo de hábiles intermediarios, hizo tentar muchos jugadores del fútbol local y mucho más aún a los clubes propietarios de la ficha del jugador.

Las consecuencias, por lo general, han sido de lo más frustrantes. Excepto el caso de Héctor Bracamonte, quien se desempeña desde el año 2004 en el FC Moscú y se encuentra muy adaptado a la nueva vida, la gran mayoría de los jugadores que emigraron a estos destinos de menor tradición futbolera y con grandes diferencias culturales, han debido padecer al poco tiempo de arribar la desacertada decisión tomada. En especial, estas situaciones se dan en jugadores que cuentan con un gran potencial para medir sus capacidades en un nivel de alta competencia, y acaban aceptando una de las primeras grandes ofertas, resignando a cambio años de fútbol y de vida afectiva.

A comienzos del presente año, fue Mauro Zárate quien confesó haber cometido un grave error al aceptar tu traspaso a un equipo de Qatar a cambio de 20 millones de dólares. “Me fuí a Qatar para arrepentirme”, dijo en una entrevista seis meses más tarde tras haber conseguido ser cedido a préstamo al Birmingham que pelea el descenso, pero de la siempre atractiva liga inglesa. Muy parecido es lo que le ocurrió a Maxi Moralez. Hace seis meses nomás dejó Racing Club tentado por 7 millones de dólares provenientes de Rusia. Desde entonces su estado de ánimo ha ido en caída libre, hasta esta semana en que el propio Racing lo repatrió, a préstamo, tras abonar los correspondientes 1,2 millones. Lo que se llama negocios.

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