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Las cosas que el dinero no puede comprar

febrero 12, 2008

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A poco más de tres meses de revalidar su mandato, el octavo en forma ininterrumpida, como presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, Grondona y sus secuaces decidieron que el precio de las entradas generales para asistir al espectáculo deportivo del fútbol debe ser de 24 pesos. La medida implica un incremento del 71,5 % respecto del monto que supo estar en vigencia con anterioridad.

Es sabido que la principal fuente de ingresos del fútbol argentino es la televisión. La gallina de los huevos de oro es para Grondona el instrumento más eficaz que le permite llevar a cabo las decisiones que su antojo le dictan. Gracias al crecimiento extraordinario que tuvo la televisión con el ingreso en el deporte rey, el titular de AFA supo tejer con paciencia la red de relaciones que mejores resultados brindase a sus objetivos personales. Mientras la gran mayoría de los clubes del fútbol argentino, se hunden a causa de compromisos incumplidos y administraciones fraudulentas, la gestión Grondona arroja a su turno salvavidas de plomo que le permiten revalidar sus votos y batirse a sí mismo cada cuatro años nuevos records de permanencia en la sede de Viamonte.

La decisión de incrementar el precio de las entradas generales resulta siniestra. Trasladar al hincha del fútbol un aumento semejante para cubrir los costos de sueldos y mantenimientos, no es más que otra manera de alejarlo de los estadios, cada día más invadido por turistas dispuestos a pagar en dólares paquetes organizados por los hoteles 5 estrellas de la ciudad que sospecho no deben pujar por conseguir las entradas en las tediosas y violentas ventas por ventanilla.

La severidad y soberbia con que el aumento se aplicó, no encuentra eco a la hora de negociar los contratos que en verdad resultan necesarios para la estructura financiera de las entidades afiliadas a AFA. A precios insignificantes para el mercado de los medios de comunicación, los convenios se llevan a cabo sin licitación y por plazos superiores a 15 o 20 años. Política idéntica a la practicada por el ex presidente de la Nación con el empresario del juego Cristobal López, a quién diez años antes de la finalización del contrato explotación del negocio, le extendió por Decreto la continuidad de sus actividades por otros 15 años más. Entonces, cuáles son las cosas que el dinero no puede comprar???

El fantasma del descenso

octubre 26, 2007

Desde el año 1983, ya en tiempos de la gestión infame en la Asociación del Fútbol Argentino, el reglamento del fútbol profesional contempla el sistema de promedios del descenso. La caída a la segunda categoría de San Lorenzo de Almagro en 1981, equipo que conforma el quinteto grande del fútbol nacional, fue motivo suficiente para la creación de la norma.

La regla determina que aquellos 2 clubes que hayan reunido, en promedio, la menor cantidad de puntos tomando en consideración como máximo las últimas 3 temporadas completas (es decir, entre aperturas y clausuras, 114 partidos), descenderán al Nacional B en forma directa.

Desde entonces son los clubes más débiles en términos económicos quiénes por lo general deben enfrentarse al descenso año tras año. Para el caso de los equipos más fuertes, que con habitualidad pelean por los primeros puestos, una mala campaña que lo coloque incluso en la última ubicación, no debería comprometerlo con la pérdida de categoría.

Al inicio del presente torneo, por ejemplo, Boca Juniors se encontraba en una situación tal de privilegio que hubiera podido darse el lujo de no sumar puntos en todo el campeonato, y aún así no correría riesgos de descender, ni tampoco de jugar los partidos por la promoción.El modelo, también utilizado por Colombia y Bolivia en Sudamérica y que intenta ser disfrazado de justo y equitativo, tiene como verdadero argumento defender los intereses del negocio que el fútbol significa.

Ofrece a los equipos grandes la posibilidad de redimirse de alguna mala campaña y obliga a los equipos chicos a la búsqueda de puntos “como fuera”. De tal manera, es lógico que una de las consecuencias deportivas sea la mediocridad del espectáculo en pos de un resultado satisfactorio. Algo así como “el fin justifica los medios”.

En el plano de las analogías las situaciones serían más o menos así. Para un equipo recién ascendido, mantener la categoría es similar a lo que le sucede a quien solicita un préstamo en el banco, comprometiéndose a cancelar sus obligaciones con sangre, sudor y lágrimas incluso sabiendo de antemano que se trata de cuotas con cargos de intereses usureros.

Para el caso de los equipos más fuertes, que es donde se pretende hacer justicia, podría interpretarse como buscar rescatar de una mala gestión bajo el argumento de sus buenos (o al menos no tan malos) antecedentes. Sin la intención de irme a un extremo, acaso uno que durante toda su vida respeta las señales del semáforo, y un día por el motivo que fuera cruza en rojo, no debe pagar como corresponde la infracción cometida?

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